Una oposición a imagen y semejanza

Con las últimas votaciones en el Congreso, Mauricio Macri terminó de armar un nuevo mapa de alianzas tácticas con las que aspira gobernar en 2018. Su decepción con Sergio Massa y también con algunos gobernadores peronistas.

Por Werner Pertot

El presidente Mauricio Macri cumplió con una de las metas que se propuso en 2017: diseñar una oposición en el Congreso que cumpla con sus expectativas de aprobar las leyes que necesita, con pequeños matices que no modifiquen el rumbo general de sus políticas. Para esto cambió piezas de ajedrez. Sacó del tablero a Sergio Massa, un dirigente que pasó de estar en su más alta consideración a ser despreciado por “ventajista”, y puso en su lugar a un grupo de gobernadores, que demostraron poder controlar un bloque más que interesante de diputados. No obstante, el presidente no tiene en la misma consideración a aliados cercanos como Juan Manuel Urtubey o Juan Schiaretti que a los más díscolos. Las últimas semanas pusieron en capilla a un gobernador que el macrismo veía con interés: el sanjuanino Sergio Uñac.

El 2018 que está por llegar mostrará la extensión completa de esta reconfiguración de aliados. Macri comenzó su gobierno con un diseño en su cabeza de la oposición, en la que el peronismo “razonable” de Sergio Massa se elevaría, al tiempo que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner iría hacia un declive final. Incluso, el presidente llegó a comentar en alguna entrevista que fue por eso que llevó a Massa al Foro de Davos y lo presentó como el principal referente del peronismo.

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La relación con el Frente Renovador fue central en el primer año del macrismo para aprobar diversas leyes en el Congreso nacional y, aún más, para la gobernadora María Eugenia Vidal en el Poder Legislativo bonaerense. No obstante, unas cuantas negociaciones parlamentarias más tarde, Macri había perdido toda su fe en que Massa fuera ese opositor que lo acompañaba en las leyes que le sirven para seguir “haciendo lo que hay que hacer”. “Ventajita” es el apodo con el que empezó a referirse al ex intendente de Tigre. Ya antes de las elecciones, Macri apostaba a reemplazar a Massa como pieza fundamental en las negociaciones.

Con la reducción del bloque del Frente Renovador, que se mostró más abroquelado en la oposición, y la salida de Massa del Congreso en el Gobierno dan por terminado el ciclo del tigrense. “No se sabe si es el aliado maduro de la gobernabilidad o el de la foto abrazado al `Chivo´ Rossi. Tiene una confusión de identidad”, comentan en Balcarce 50.

En la Rosada, plantean que los dirigentes peronistas que tienen responsabilidades de gobierno ante un territorio serán mucho más predecibles que Massa a la hora de negociar leyes. Incluso, señalan que en la provincia de Buenos Aires, con el cambio de autoridades del Frente Renovador, cobraron relevancia dirigentes que responden más directamente a los intendentes que a Massa. Por ejemplo, el jefe de bloque en Diputados, Rubén Eslaiman, es un hombre cercano al intendente de San Martín, Gabriel Katopodis. “La lógica territorial reemplaza al rol más mediático de Sergio”, indicó a este diario un funcionario que debió tratar largamente a Massa. Los intendentes les resultan más razonables... y más necesitados.

Queda claro: la misma lógica que se aplica en el Congreso bonaerense con los intendentes, vale para los gobernadores a nivel nacional. Por eso, en el Gobierno festejaron como un éxito propio la formación del bloque Argentina Federal. No obstante, la prueba de fuego que representó la votación del recorte a los jubilados demostró que las cosas no son tan fáciles ni tan aceitadas como esperaban.

Nuevos aliados

Trascendió que Macri habló con varios gobernadores durante las negociaciones, que felicitó vía WhatsApp luego de la votación a los que consideró más importantes mantener en el redil y que fustigó a algunos en los que había depositado la confianza de que lo seguirían en el recorte a los jubilados sin chistar. Quienes continúan más cerca del presidente como aliados son el cordobés Schiaretti, que se mostró junto al presidente en los momentos cruciales, y el siempre dispuesto Urtubey. También mantiene cerca, aunque no en todas las circunstancias lo acompañan, al chaqueño Domingo Peppo, al entrerriano Gustavo Bordet y al misionero Hugo Passalaqua. Además de la gobernadora de Catamarca, Lucía Corpacci, y a la de Tierra del Fuego, Rosana Bertone. Si bien a Macri le había molestado en una primera instancia que no disciplinaran a su tropa, mejoraron en la consideración presidencial en la última votación.

Otros gobernadores que comandan fuerzas provinciales, como Alberto Weretilnek (Río Negro) u Omar Gutiérrez (Neuquén) también integran el grupo que Macri imagina como sus aliados en los años por venir. “Esta primer votación fue un momento complejo. Era un bloque que recién arranca. Demostraron que tienen un ida y vuelta con los gobernadores y que, más allá de ser oposición, tienen madurez política. Es claramente con quienes existe una relación de gobernabilidad”, interpretan en la Rosada. Con este sector, buscarán avanzar en febrero con la aprobación de la reforma laboral, la nueva ley del Ministerio Público Fiscal y la reforma electoral. Son los que probarán las mieles de la relación favorable con la Rosada. Otros gobernadores, en tanto, deben prepararse para sufrir el frío del presidente.

Gobernadores que no

El gobernador de San Juan encabeza la lista de los que el presidente mira con enojo y decepción. En el caso particular de él, influye que los macristas lo veían como un emergente del peronismo con relevancia nacional tras la derrota en su pago de Urtubey. “Generó mucho malestar en el resto de los gobernadores. Fue parte del acuerdo y termina jugando en contra en las dos cámaras. Tuvo declaraciones muy duras. No es bueno para él como figura emergente del peronismo”, evaluaron en el Ministerio del Interior, en donde aclararon, de todas formas, que “todo se puede recomponer”.

Otro de los que estuvo fustigando el presidente tras las jornadas de represión y ajuste a los jubilados es Sergio Casas. En la Rosada, interpretan que se vio fuertemente condicionado por el ex gobernador riojano Luis Beder Herrera, quien denunció públicamente las presiones del Gobierno nacional.

Macri volvió a poner en su lista negra al gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz, a quien hace poco había llevado en su gira por Estados Unidos. Tampoco está en buenos términos con la Rosada el mandatario de Santiago del Estero, Gerardo Zamora. Hay otros que no ingresaron ahora en la lista, sino que están hace tiempo: se trata de Alicia Kirchner (Santa Cruz), Gildo Insfrán (Formosa) y Carlos Verna (La Pampa). Allí no hay sorpresas, pero la inclusión en esa lista de algunos gobernadores que hasta hace poco el oficialismo veía como aliados muestra que nada está escrito en piedra para 2018 y que las alianzas macristas con el peronismo se siguen reconfigurando.