“Juicio del siglo”: murió ayer Griesa sin ver definida su obra

Con su fallo de 2012 contra la Argentina creó una jurisprudencia para los mercados financieros: los países no son como las empresas y deben reconocer el 100% de los derechos de deuda emitida y caída en default.

"Pobre Argentina. Pero igual tendrá que pagar". Thomas Poole Griesa hablaba así en marzo de 2015, en una de las múltiples audiencias en las que en su segundo juzgado del Distrito Sur de Nueva York, donde se movía como el dueño de casa, se trataba el "juicio del siglo" que él mismo había abierto en 2007 y comenzado a fallar constantemente en contra del país desde febrero de 2012. El juez, ante los abogados que representaban al Gobierno argentino del estudio Cleary Gottlieb Steen & Hamilton dejaría claro con una frase cuál sería la jurisprudencia que creaba para la historia de las finanzas internacionales: "En el caso de los estados, no rigen los criterios de las bancarrotas. No importa qué tan grande haya sido un acuerdo o cuántos acreedores acepten una oferta; las deudas por títulos emitidos bajo jurisprudencia de los Estados Unidos deben cumplirse". Con su fallo, Griesa les dio la razón a fondos que habían comprado bonos de la deuda argentina a un costo 30% inferior del valor nominal de la deuda emitida (en general, en el último bimestre de 2001), para reconocer los derechos a cobrar el 100% más intereses multas y punitorios. La rentabilidad que les garantizó a fondos buitre que se harían famosos en el país como Paul Singer, Kenneth Dart, Olifant, Aurelius y Blue Angel, entre otros, sería de más de 1.200%, un premio que en el mundo sólo negocios como el tráfico de armas pueden aportar.

Griesa iniciaba así un largo y ruinoso proceso para el país; que, pese a lo que él mismo pensó en abril de 2016 cuando se oficializó en su juzgado el acuerdo al que había llegado el Gobierno de Mauricio Macri y los bonistas, aún no terminó. El juez que llevó la mayor parte de la causa hasta su jubilación en julio de este año, y que la derivó en su reemplazante Loretta Preska (quien debe ahora resolver la cuestión definitiva); intentó cerrar la causa, pero no pudo impedir que un 3% de los bonistas que aún permanecen en default, en su mayoría argentinos, rechacen la propuesta y continúen litigando.

De alguna manera, como el mismo juez le indicó por escrito a Preska en el momento simbólico del traspaso de la causa, su definición resultó agridulce. La jueza del segundo distrito sur de Nueva York tendrá que resolver también en 2018 el juicio del fondo Burford contra el país por la renacionalización de YPF, una vez que éste tenga sentencia definitiva en la Cámara de Apelaciones de ese país.

Griesa falleció ayer en su rancho de Montana, donde resolvió varias de las cuestiones que debía atender oficialmente, incluyendo varios de sus fallos sobre el "juicio del Siglo". Nacido en Kansas dentro de una familia de tradición conservadora, había llegado al segundo distrito de Nueva York en 1972, previo paso por la Universidad de Derecho de Harvard y de haberse instalado como abogado particular en esa ciudad, donde conoció personalmente a Richard Nixon; quien lo recomendaría luego como juez. Tuvo a su cargo varias causas históricas en la ciudad (como la prohibición de la Autopista Joe Di Maggio, una causa por derechos de autor entre Mick Jagger y un autiguo representante y varias intervenciones en los juicios contra la mafia de los Gotti); y desde 2000 amagaba con un retiro con lo que fue nombrado magistrado "senior". Desde 2005 tomó dominio de la "causa argentina" a partir de una presentación del fondo buitre Dart, caso que dejó adormecer hasta 2007, cuando luego de la primera oferta de la Argentina a los acreedores para salir del default de 2001 ese mismo acreedor activó la causa. Griesa decidió que el caso ameritaba su apertura, comenzando así el "juicio del siglo".

Durante la primera parte de la causa, Griesa manifestaba cierta predisposición a favorecer al país. En cinco oportunidades rechazó de plano diferentes pedidos de fondos buitre que reclamaban embargar todos los pagos financieros del país, hasta que el juez definiera la causa de fondo. Según él mismo hizo pública en varias audiencias, la actitud que desde 2008 el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner mantenía ante la causa, hicieron que lentamente su actitud proactiva con el país pasara a crítica; hasta el colapso final de las relaciones en su fallo de 2012. Luego, todo fue empeorando, hasta que desde Buenos Aires se le dijera "senil" y se le anticipara horas antes de dar sentencias que cualquiera fuera su fallo, no sería aceptado ni respetado. La denominada "ley cerrojo" aplicada en el segundo canje de deuda de 2010 fue la excusa que Griesa encontró para fallar definitivamente que "los acreedores que se negaron a participar en los canjes ofrecidos por Argentina merecen un trato equivalente a aquellos que sí accedieron". Lo que vino luego, en un juicio que en el fondo culminó el 16 de junio de 2014 cuando la Corte Suprema de Estados Unidos rechazó aceptar la apelación argentina, fue un largo y desgastante período donde el país pasó a militar en la "paria" financiera internacional. Sólo hubo apoyos marginales, incluyendo alguna audiencia en las Naciones Unidas donde se consideró que en el fondo Argentina tenía razón; hasta que Mauricio Macri y su primer ministro de Economía Alfonso Prat Gay comenzaron a negociar con los fondos buitre, en diciembre de 2015, para sellar un acuerdo en abril de 2016 a instancias del Special Master Daniel Pollack. El país dispuso pagar el 100% la emisión de deuda más el reconocimiento de intereses, pero con una quita de aproximadamente 25% del total demandado y reconocido por los fallos de Griesa. Sin embargo, un 3% de los acreedores no lo aceptaron, y continúan litigando, ahora ante Preska.